martes, 18 de agosto de 2009
El colmo de la contradicción!!!
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domingo, 16 de agosto de 2009
LA VIOLENCIA NO SÓLO ESTÁ EN EL FÚTBOL
Ahora resulta que los barrabrava son la encarnación del mal en Colombia. Al parecer, son más peligrosos que los alzados en armas, de izquierda o derecha, que los políticos corruptos, los pederastas, los banqueros, los militares y todos los guerreristas que hoy día siembran semillas de odio en contra de los ecuatorianos y los venezolanos apegándose a las mentiras y decisiones de los mandatarios de los tres países. Sólo algunos dirigentes deportivos han salido a pedir mesura ante la solicitud de penas, encarcelamientos y otro montón de sandeces que se dicen frente al tema. Entre ellos, Carlos Puente, presidente del América de Cali, quien dijo que “de 10 a 15 años no le meten aquí ni siquiera a los paramilitares ni a los que cometen delitos de desaparición forzada”. En buena hora por el señor Puente. Pues, algunos periodistas, irresponsablemente, se atreven a decir que los violentos están alejando a los verdaderos hinchas de los estadios, por eso hay que castigarlos y ojalá con cárcel, pero ni lo primero es cierto ni lo segundo es justo. Cada vez que tengo la oportunidad, les recuerdo a los caleños, adeptos al fútbol por supuesto, que por allá a finales de los ochenta a alguien se le ocurrió que al estadio Pascual Guerrero iban muy pocos seguidores de los clubes de esa ciudad y decidieron organizar un evento con un invitado que también convocara público y así mejorar la asistencia de aficionados al escenario deportivo. Finalmente, asistieron unas 15 mil personas para disfrutar de un buen espectáculo: concierto del Gran Combo de Puerto Rico y el clásico futbolero entre América y el Deportivo Cali. En la actualidad, aficionados de otros clubes se mofan de los caleños diciendo que cada equipo cuenta con tres mil quinientos seguidores en su haber y el conjunto musical con ocho mil. Este, es sólo un ejemplo de las bajas asistencias a los estadios del país. Pero tampoco se puede argumentar que la violencia en los estadios sea un fenómeno nuevo causado exclusivamente por jóvenes peludos, vagos, alcohólicos, drogadictos de clase baja y demás, que han importado estos comportamientos del fútbol extranjero. A mí se me ocurriría preguntarle, por ejemplo, a Guillermo “el Chato” Velásquez que pasó con las personas que lo agredieron en un mítico partido en el que participó Pelé en el estadio El Campín y si los protagonistas de los actos violentos en contra de su persona eran jóvenes peludos, drogados e incontrolables. Es más, quisiera saber cómo termino el primer encuentro disputado por el Deportivo Independiente Medellín, en el año 1913. ¿Acaso esos dos encuentros, uno en la década de los setenta y el otro a comienzos de siglo XX, terminaron en una cena cordial entre los asistentes al espectáculo? El que ama el fútbol, ya sea por medio de un club o de una selección, lo hace, generalmente, desde la infancia, porque asistió con su padre, un tío, un amigo o porque se escapó de su casa a ver las jugadas de algún ídolo de antaño. Así es, lo hace desde que es un niño. Pero no sólo lo hace porque vio a sus ídolos, sino también porque quería ser como ellos, principalmente por fama y para salir de pobre. Puede que lo haya logrado o no. Y los jóvenes colombianos, de tiempo atrás y de la actualidad, tienen muchos obstáculos para ir a fútbol, a verlo, y a practicarlo: el hambre, la injusticia, la ausencia de un sistema de seguridad social serio, la falta de oportunidades en educación, laborales, entre muchas otras. Sin embargo, tras la ausencia de un elemento cohesionador de sus valores, de un elemento que los haga participes de una (micro) sociedad justa, el joven colombiano se incorpora en un ejército colorido llamado barrabrava y permanece allí por un buen tiempo, si es que se salva del servicio militar. Con todo y esto, salen los defensores de la paz en los estadios a pedir justicia por los buenos hinchas, por el espectáculo, por el negocio. Pero nadie, que yo recuerde, ha salido a pedir justicia por los niños y jóvenes buenos y por los malos que esperan acceder a educación media y superior, alejarse de trabajos mal remunerados y en condiciones inadecuadas de salubridad, salvarse de el reclutamiento tanto del ejército como de los grupos armados o de la delincuencia organizada. Muchos de estos muchachos se visten de rojo, blanco, azul, verde, o amarillo para evadir la realidad, para esconderse de las inclemencias de esta sociedad. No queda más que esperar que los miles de jóvenes colombianos vean como las armas de la justicia colombiana, ansiosa por demostrar su poderío, apuntan hacia ellos que llevan como escudo una pasión y no un brazalete que diga Auc, Farc o Eln. JUAN DIEGO - EXTRADITABLEX BOGOTÁ
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martes, 11 de agosto de 2009
COMUNICADO 11 DE AGOSTO DE 2009 - CBC
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COMUNICADO A LA SOCIEDAD BARRISTA
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martes, 4 de agosto de 2009
¿RESOLUCIÓN DE LA DIMAYOR?, INCONSTITUCIONAL
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jueves, 30 de abril de 2009
Los Barras seguimos siendo parias
Han pasado casi quince años desde la incursión del barrismo como fenómeno social en Colombia, sin embargo los barras seguimos siendo percibidos negativamente, y la sociedad continúa tratándonos como ciudadanos de segunda.
El pasado 12 de abril las expresiones de violencia, comunes en nuestro país, volvieron a evidenciarse en el fútbol; Juan Guillermo Domínguez, jugador del Deportivo Cali, sufrió en su frente un golpe con un elemento contundente cuando el bus en el que se movilizaba el plantel llegaba al estadio el Campin de Bogotá y fue torpemente conducido por en medio de los hinchas de Millonarios que se disponían a entrar a su tribuna; mientras tanto dos hinchas de Nacional, entre ellos un menor de edad, resultaron heridos con arma blanca en la ciudad de Medellín, luego de confusos incidentes durante una protesta, a las afueras del estadio por el mal momento de su equipo.
Dos hechos igualmente vergonzosos, igualmente reprochables, igualmente indeseables; como todos los que manchan nuestro fútbol; tuvieron reacciones y consecuencias totalmente distintas, el motivo: las victimas.
El ataque al jugador del Cali casi provoca la cancelación del partido que debía jugar su equipo, compañeros y colegas se negaban a jugar protestando por lo ocurrido, hasta el punto que fue necesaria; por fortuna para anunciantes, patrocinadores y dueños de derechos de transmisión; la intervención de dirigentes de los clubes que “persuadieron” a sus empleados para que cumplieran con su trabajo y el juego se llevara a cabo en la fecha programada.
El caso de Domínguez también causo manifestaciones de rechazo, casi al unísono, por parte de los medios de comunicación, quienes entrevistaron a los compañeros del agredido, hicieron cubrimientos especiales desde la clínica donde fue atendido, nos contaron su trayectoria como profesional, hablaron con familiares suyos y al día siguiente lo tuvieron como invitado en todas las secciones deportivas de noticieros de tv, periódicos y programas de radio.
La Policía se sumó al club del rechazo a las agresiones en el fútbol, por intermedio del comandante de la institución para Bogotá ofreció una recompensa de 5 millones de pesos por informaciones que ayudaran a identificar y ubicar al agresor. Contrario a la cotidianidad de su funcionamiento, la policía fue efectiva y la medida causo la detención del atacante menos de una semana después de ocurrido el incidente.
Mientras en Bogotá el ataque a un futbolista provocó reacciones de jugadores, prensa y policía para rechazar los hechos y dar con el responsable, en Medellín las agresiones a dos hinchas apenas se reportaron; no hubo intentos de suspender partidos, no nos contaron como evolucionaron los heridos, ni sus amigos ni los testigos presénciales aparecieron en tv contado que paso, no supimos quienes eran las victimas, nadie ofreció recompensas, ningún agresor fue detenido.
La anterior comparación muestra claramente la manera en que es percibida en Colombia la violencia en el fútbol: esta sólo es despreciable, preocupante y tomada en serio cuando las victimas son personas ajenas a las barras; al contrario, cuando los afectados son los mismos barristas, las agresiones se convierten en un simple espectáculo mediático que genera audiencia por lo impactante, pero que ya no provoca siquiera el rechazo del espectador. Incluso la justicia entra en el juego de los medios de comunicación, los únicos casos que consiguen repercusión judicial son los que mojan prensa por su espectacularidad, y generalmente concluyen con condenas desmedidas o hasta injustas que buscan ser ejemplarizantes pero terminan convirtiendo en chivos expiatorios a unos pocos.
En el imaginario colectivo los barristas somos ciudadanos de segunda, hemos cargado desde un inicio con el estigma de vagos, borrachos, drogadictos, vándalos, violentos etc. que minimiza los aspectos positivos de las barras y de cierta manera justifica ante la sociedad el que seamos victimas de nuestra propia violencia (barristas vs barristas); al extremo que cuando un barrista cae en desgracia y la prensa sensacionalista cubre su caso es normal escuchar al común de las personas, y hasta a los mismos barras, reaccionar diciendo “bien hecho, que se maten esos hijueputas”.
Desprecio e indiferencia no son las únicas expresiones de la sociedad hacia los barras, en el último año se han añadido manifestaciones legales e ilegales que nos tienen como objeto; por un lado se dictó la ley 1270 de 2009, "Por la cual se crea la Comisión Nacional para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol y se dictan otras disposiciones", una legislación represiva que viola los más elementales derechos, como a la intimidad y a la libre asociación; por otro empezamos a ser parte de los perversos “panfletos”, exclusivas listas de grupos de ciudadanos (ladrones, jíbaros, prostitutas, drogadictos, lideres sociales, estudiantes y ahora barras) proclives a ser asesinados por agrupaciones armadas ilícitas.
Luego de una década y media de barras en Colombia hemos logrado avances como la configuración de una identidad propia, cierto grado de organización, renombre a nivel internacional, un crecimiento inusitado y hasta una proyección; sin embargo no conseguimos posicionarnos ante la opinión pública como actores sociales validos, productivos, decisivos e influyentes, ni siquiera como ciudadanos con acceso a los derechos básicos que debe garantizar el Estado.
A los barras el país nos adeuda reconocimiento, nuestro barrismo urge de una reivindicación social, pero esto no depende exclusivamente de los demás, es al interior de cada una de las barras donde debemos establecer que tipo de organizaciones queremos ser y que lugar debemos ocupar en la sociedad que hoy nos rechaza.
Ivan Sandoval
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Etiquetas: Editorial
Attake Massivo Pasto
El presente artículo pretende mostrar como la barra Attake Massivo Pasto, ha desarrollado con el paso de los años el concepto de “Barrismo Social, proyectando valores y principios que dan estructura al desarrollo de la juventud de nuestra región. Quiero manifestar de entrada que el presente artículo presenta a la barra desde una perspectiva muy subjetiva y sumamente personal.
La realidad colombiana adolece de una teoría de argumentación “barrista-social” por llamarla de algún modo, que sirva para reconstruir los discursos argumentativos de los operadores colombianos involucrados en el tema. Ello se debe a que en este país a imperado una idiosincrasia que no ha permitido articular adecuada y eficazmente conceptos como: realidad social vigente y normatividad. Haciendo que se pierda la riqueza argumentativa de los diferentes roles sociales involucrados en el tema del barrismo en Colombia. El articulo narra, a partir de la experiencia personal el nacimiento y desarrollo de la barra, invitando a conocernos, como seres por naturaleza sociales, a través de las graderías, concluye con el modelo que según mi punto de vista se debe implementar al interior de las barras con el fin de tener un mayor poder explicativo del fenómeno barrista y de este uso metalingüístico y comunicativo por excelencia del hombre moderno. En especial se resaltaran las virtudes éticas, morales y sociales que genera la verdadera comprensión del barrismo.
En Colombia suele asociarse barrismo con conceptos tan amplios como: alcohol, cocaína, marihuana y muchas otras sustancias que son usadas por el ser humano en la actualidad, de una manera mas frecuente que en años pasados y patologías sociales como: delincuencia, rebeldía y agresividad. El problema radica cuando todos estos comportamientos se generan al interior de unos espacios sociales, como para este caso, los estadios de futbol; entonces, la riqueza de esta práctica discursiva se ve empobrecida por elementos circunstanciales que la rodean y la ignorancia del Estado en esta materia se ve patente no solo en los proyectos del Ley (ya Leyes); sino también en las mismas declaraciones publicas de los representantes del gobierno.
La barra se forma en la ciudad de Pasto dando respuesta a un sentimiento que se venia generalizando en la identidad de los jóvenes patusos, el sentimiento regionalista, la herencia de una raza milenaria y guerrera; la sangre de caudillos como: Atahualpa, Capucigra, Agustín Agualongo se comenzaron a hacer sentir a través desde las tribunas del en ese entonces marginado estadio Libertad, que era una construcción abandonada y vieja, pero que para mi era un templo.
Con el trascurrir de los años se vivieron todo tipo de experiencias y la barra fue creciendo en número y aguante. Con la ampliación del estadio la barra se traslada a norte donde se consigue la primera estrella en primera división, actualmente se encuentra en sur y comienza también a gestarse al interior de los miembros de la misma la idea de conformar una personería jurídica con el fin de darle un enfoque distinto y poder ayudar de forma mas eficiente no solo a nuestros miembros; sino también a la sociedad patusa en general.
Es fundamental reconocer al barrismo como un fenómeno de masas, que como cualquier otra agrupación, maneja unos principios, unas normas de conducta que rigen al barrista y que le permiten identificarse con ese grupo social y formar parte del mismo. La barra Attake Massivo atendiendo a la necesidad de hacerse conocer como un movimiento juvenil, mas que como una barra, propone, a través de sus miembros la resaltacion de virtudes como: cooperación, integración, tolerancia entre otras.
El camino apenas comienza, mas en una sociedad tan caótica como la colombiana. Donde los niveles de ignorancia, violencia y escaso respeto por las diferencia son tan fehacientes. Nuestra barra se muestra como, un modelo en plena gestación de lo que serán los movimientos barritas en un futuro muy próximo.
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Etiquetas: Barrismo Social, La Ola

